22/1/10

Dos fragmentos de Tolkien



De Tuor y su llegada a Gondolin (fragmento)

Entonces, con miedo y asombro, Voronwë exclamó:
―¿Habéis hablado con Ulmo el Poderoso? ¡Grandes han de ser, pues, vuestro valor y vuestro destino! Pero, ¿a dónde he de guiaros, señor? Porque de seguro sois un rey de Hombres y muchos han de obedecer vuestra palabra.
―No, soy un esclavo fugado ―dijo Tuor― y soy un proscrito solitario en una tierra desierta. Pero tengo un mensaje para Turgon, el Rey Escondido. ¿Sabes por qué camino llegar a él?


Aldarion y Erendis (fragmento)

Los hombres de Númenor son medio Elfos (decía Erendis), en especial los encumbrados; pero en verdad no son ni una cosa ni la otra. La larga vida que se les ha concedido los engaña y se huelgan en el mundo hasta que los alcanza la vejez y, entonces, muchos de ellos abandonan los juegos al aire libre para seguir jugando dentro de sus casas. De los asuntos importantes hacen un juego y del juego, un asunto importante. Querrían ser artesanos, y maestros de la ciencia, y héroes a la vez. Para ellos las mujeres son como el fuego del hogar, cuyo cuidado incumbe a otros, hasta que regresan por la noche, hartos de juegos. Todo ha sido hecho para servirlos: las montañas para minas, los ríos para sacar agua o hacer girar las norias, los árboles para madera, las mujeres para las necesidades corporales y, si son bellas, para adorno de la mesa o el hogar, y los niños para bromear con ellos si no hay otra cosa que hacer; pero lo mismo les daría jugar con una camada de perros. Con todos se muestran amables y bondadosos, alegres como la alondra en la mañana, si el sol brilla, porque nunca se enfadan si pueden evitarlo. Los hombres han de ser alegres, afirman, generosos como los ricos, repartiendo lo que les sobra. El enojo aparece sólo cuando advierten de pronto que hay otras voluntades en el mundo además de las de ellos. Entonces se vuelven tan despiadados como los vientos de los mares si algo se atreve a oponérseles.

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J.R.R. Tolkien, Cuentos inconclusos de Númenor y la Tierra Media. Minotauro, 1990. Traducción R. Masera.

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